La sangre llega al corazón para evitar que este se asfixie, el aire al pulmón para que no se suicide. Tú que calabas tu elixir en mi piel, tú que quisiste convertir mis caminos en laberintos, que no faltabas tú cuando quería morirme, que no faltaba yo para decirte lo que me deprime.
Bailan las horas en tu ausencia, que se agita y se burla y me deja morir a solas. El exilio de tus palabras en un mundo que se pudre, dirán que tú me olvidabas y que yo apenas pude, que lo que vierto no es sino la esperanza que entre el caos se confunde.
Aquellos sueños contigo, huir de un mundo que nos quiere colgar vivos, llegar a tus orillas para morir en tu regazo, que ser naufrago es mas grato cuando tú estabas al otro lado. Cuatro horas se peleaban para evitarnos, doblaban la esquina cuando más necesitaba refugiarnos. Tú que lembravas mi pasado, yo loco por evitarte ese mal trago, loco por recordarte que la vida me puso a tu lado. Frustrado porque no supiera que el futuro a mí me amaba, jodido porque a ella también pero no supo esperarla. Cansado de amarla hasta el fin de mis entrañas, que cada mordisco que doy es una manzana envenenada.
La noche nunca fue tan fría como para no sentir el calor de tu lejano abrazo, que yo no sabía nadar y tú bailabas al otro lado del charco.
''Nada mereció realmente la pena, hasta que hablando de tu vacío dejaste mi desolación llena.''
Nem muito longe, nem por muito tempo
o vazio da saudade, que eu tendo morrido, condena-me para seguir vivo
De este hábito sombrío y destartalado, el frío que desmenuza las flores que la primavera olvidó en mi mano.
De ese acento travieso que me dijo que volviera, una voz cálida entre la niebla cantaba que de la lluvia me deshiciera, antes de que se tornase agua salada.
Del rastro a jazmín que posa en el henchido vaso de vino, los torpes y ebrios latidos que más anhela el corazón mío.
Del vacío de la ausencia en la que me encuentro cautivo, que siendo breve llenaba el mundo, que habiendo muerto me condena a seguir vivo.
El cielo tirita con el susurro de un invierno nuevo,
se abren ventanas suficientes para todas las canciones,
mientras el tiempo que tanto sabía de mí se esconde tras un álamo.
Echo de menos un presente, dos caminos
y una mano que escoja libremente.
Bailando lejos, a paso lento,
en tiempos de viejos molinos y noches arcanas,
allá donde la mirada alcanzaba para ver el celaje gris entre sus cabellos.
Ante mí la tímida luz de sus ojos, el sol enredando mis dedos.
Hoy el viento arrasa los valles de mi hogar,
y la ciudad no sabe lo que pasa,
y el corazón no sabe lo que quiere.
Creí amarte en la clausura de tu ausencia,
creí saberte mía aunque no lo fueras.
Somos tan extraños y mutuos al dolor que abrazamos,
que somos el osado reflejo de un sueño;
Y abusamos de las palabras,
cuando somos ajenos el uno al otro,
cuando el suspiro no calma la piel
y una mano el corazón no toca.
Lejos del muchacho obligado a la luna,
recoge las calles y las noches.
Que la marea llegue a tu arena
y que el viento recoja tus hojas.
Que cuando la brisa devuelva tu perfume a mi mano,
ilumine de fábulas mi verdad.
Pero aquí abajo
el tiempo desfila sus más alegres trazos,
aquí abajo el horizonte no se entrega al sordo mar,
aquí abajo el miedo no es un fruto amargo.
Cada lluvia agita tus huellas con más violencia,
sacude mi esperanza a prueba de olvidos.
En mayo regresa el viejo enigma,
el deseo insondable de ti,
y una vida que fluye sonámbula en tu ausencia.
Pasan las verdes primaveras y se agotan las danzas en el cielo,
una mirada que se duele, sabiéndose náufraga al no encontrarse en tus ojos.
El aire nocturno advierte que te has tornado verano,
que tus sabores son ahora extraños y que ya no reclamas tu paz.
Entre llamas ardemos por la violencia del silencio. Coge la vida, coge el fuego blanco entre mis manos, mientras se llueve de estrellas la estéril noche, y el tiempo agita su dulce presencia. Quién podría creer la suerte de mis ojos, encontrarse torpe en el aire una mirada despojada de secretos, desnudándonos, descubriéndonos el uno al otro. Yo creí verte detrás de esa cortina, creí arrojarnos a ese mismísimo silencio. Allí permanecimos como un grito, cerramos nuestros ojos en voz baja, y mi sombra cansada se deslizó tras de mí. Cuando el sueño me abrace, roba mi mano, no soy extraño a los latidos de tu corazón nuevo, no soy ajeno a tu nostálgico abrazar. Que gima el tiempo ahora en mi paz, que yo dejaré mi amor ardiendo en los caprichosos vientos de tu azar. Me cuesta creer que el placer de tu presencia será tristeza por la mañana, que cuesta creer que en tus ojos dormidos estén aún vivos mis recuerdos, que cuesta creer que ese amor que destilas, que esa remota sonrisa que me destinas no es el desnudo de tu verde mirar. Ella duerme ahora, duerme y despierta sus sueños, al amanecer recogerá su beso y sus días, y dejará los cansados deseos tendidos en el balcón.
'' Puedes venir a reclamarte como eras. He conservado intacto tu paisaje. Lo dejaré en tus manos cuando éstas lleguen, como siempre, anunciándote. ''